SIGLO XX Y EL CABARET

La danza del vientre tomó fuerza al comercializarse gracias a Badia Masabni cuando en 1926 abrió el primer cabaret, el Casino Opera, también conocido como <Casino Badia>, en El Cairo. La inauguración de esta sala corresponde al inicio de la edad dorada de la danza oriental. Fue una etapa en donde algunos nombres propios brillarán con una fuerza cegadora. Es imprescindible a quien se dedique a este oficio de la danza del vientre saber quien fue la precursora de la época dorada y quién fue quien comercializó esta famosa danza que ha tenido un tremendo auge y que gracias a ella es lo que es ahora. Badia Masabni era una libanesa de origen cristiano que había sido bailarina. Conocía a la perfección los trucos del oficio. Creó un lugar a la Occidental en el que había música, danza, algo de revista, magia y mucho sentido del espectáculo por encima de todo.

 


Masabni llevó con mano firme las riendas del Casino Opera: se esforzó por añadir innovaciones, pero éstas siempre estaban al servicio de su sentido de la teatralidad. Muchas danzas se coreografiaron, como modo de asegurarse unos estándares repetibles día tras otro. Badia se interesó por lo que en Occidente estaban haciendo Ruth St. Denis e Isadora Duncan, y puede ser que tomara de ellas los movimientos de brazos de fantasía, que se movían airosos y se separaban mucho del cuerpo, como en el ballet, y que se convirtieron en una de las atracciones de la sala. Otros rasgos de modernidad en el cabaret de Masabni eran los desplazamientos por todo el escenario, y el uso abdundante del velo. Todas estas técnicas tenían la finalidad de hacer que la danza quedara más espectacular y glamourosa. El Casino Opera fue un lugar maravilloso. Atraía turistas, famosos, ricos y ambiciosos. En el casino había varias actuaciones diarias, ensayos continuos y se trabajaba mucho, pero todo aquel que aspiraba a un lugar en el “show business” luchaba por ser fichado por el Casino Opera. De las filas de bailarinas que fueron empleadas y pupilas de Badia Masabni salieron las mejores profesionales de las décadas de 1940 y 1950, mujeres cuya sola mención nos transporta a una época en la que la danza vivía momentos de gloria. Tahia Carioca (1919-1999) y Samia Gamal (1924-1992) fueron dos de las más importantes. Sus nombres están vinculados con los grandes músicos y compositores, como Mohamed Abdel Wahab, o Farid Al Atrache. Una constelación de artistas de mucho talento se adueño de Egipto y fue mucho más allá. Igual que ocurre siempre que algo tiene éxito, enseguida aparecieron otros cabarets que quisieron hacerse con su parte del pastel. Además, la industria audiovisual egipcia es una de las más potentes del mundo, y el glamour del Casino Opera encontró su equivalente en películas en las que los actores, a veces los cantantes y las bailarinas más famosos, llenaban la pantalla con sus dramas sentimentales y daban un empuje a sus carreras, haciendo que sus discos se vendieran cada vez más y sus actuaciones se llenaran. No es casualidad que la edad dorada del cine egipcio fuera justo en las décadas de 1940 y 1950…

Tahia Carioca, una de las bailarinas del Casino Opera, que fue también una de las más grandes divas del cine egipcio, participó en mas de 190 películas. Carioca tomó su apellido artístico de la danza brasileña, que le impresionaron mucho y que en algún paso u otro adaptó en su estilo personal. De ella dijo el compositor Mohamed Abdel Wahab que “era capaz de mostrar mucho movimiento en un espacio muy pequeño”. Tahia era una estrella más grande que la vida. Una de las figuras más importantes del pensamiento moderno, el arabista Edward Said (1935-2003) que era un acérrimo de Tahia Carioca escrbía en 1994 de ella en la revista Arabesque: “La danza vertical de Tahia sugiere una secuencia de placeres horizontales, pero paradójicamente expresa el tipo de evasividad y gracia que no se pueden fijar en una superficie plana”. Carioca tuvo nada menos que 14 maridos y sus ideas políticas la llevaron a pasar incluso una temporada en prisión. Era la bailarina favorita de la famosa cantante egipcia Oum Kulthum.

Su gran rival, con la que coincidió a las siempre meticulosas órdenes de Badia Masabni, fue Samia Gamal. Con ella, el estilo de cabaret clásico pone un pie en Hollywood. Samia comenzó como la chica del coro y poco a poco fue ascendiendo hasta bailar en solitario, donde pudo lucir verdaderamente su temperamento vivaz. Vivió una gran historia de amor con el compositor Farid Al Atrache que llenó las páginas de la prensa rosa. El señor Atrache nunca quiso o pudo casarse con ella, por la diferencia de clase social. Él era un príncipe druso de Líbano y casarse con una bailarina era sencillamente inconcebible para la época. Aunque su amor nunca llegó a buen puerto, su colaboración profesional sí lo hizo y resultó en una fecunda colaboración entre músico y bailarina. Ambos protagonizaron varías películas en las que él componía canciones de amor y música de baile y ella les prestaba su creatividad como bailarina. En 1949, año en el que protagoniza junto Al Atrache <> (Eres tu ese amor), y el rey Faruk la proclama bailarina nacional de Egipto. Y no se quedó ahí. Sino después de que su relación con el músico se rompiera definitivamente, Samia Gamal intervendrá en varias películas francesas y americanas. En una gira por Estados Unidos aparecerá en la revista Life y actuará en varios clubs como el Latin Quarter de Nueva York, en los que va a cosechar un gran éxito. Más tarde, ya de vuelta a Egipto, siguió actuando en películas hasta el año 1972 y no volvió a bailar en público mas que durante una breve temporada en 1984. Casada varias veces, su estilo era muy expresivo y personal.

La única bailarina que podría haber competido con Carioca y Gamal fue Naima Akef, “La Isadora Duncan de Oriente”. Akef no estaba en la plantilla del Casino Opera sino en la de su rival, el KitKatClub, pero eso no le impidió bailar de vez en cuando en el club de Badia, la meca de la danza oriental. Además de bailarina fue una consumada cantante, tuvo mucho éxito en el cine y los escenarios. Nació en el seno de una familia de acróbatas y empresarios circenses, lo que marcó sus habilidades como bailarina. Naima Akef se formó en distintas disciplinas de danza, añadiéndolas a su repertorio Pero lo que pudo haber sido una increíble carrera quedó truncada por un cáncer con solo 27 años. Una vida corta pero suficiente para hacerse un lugar en la historia.

 

Oum Kulthum Si hay una figura en la música árabe que destaque por encima de todo es la cantante Oum Kulthum, escrito a veces Oum Kalsoum u Oum Koulthoum. Cuando murió, el 3 de febrero de 1975, millones de personas inundaron las calles de El Cairo para acompañarla en su funeral. Ninguna otra mujer ha despertado tanta pasión ni cariño. Constantemente, sus nuevas canciones se convertían en éxitos. Kulthum nació en un pueblecito del sur de Egipto, Tammy al Zahayrah en 1904. Su padre era un imán bastante pobre que se sacaba un sobresueldo cantando en bodas. Pronto ella empezó a aprender las canciones de su padre y a ganarse la vida del mismo modo. Durante su infancia Kulthum simultaneó el colegio con actuaciones que fueron aumentando su fama en la región. Los primeros años actuaba vestida de niño para evitarse problemas y tener más aceptación. Cuando se descubrió la estratagema ya era tan conocida que poco importó. Era evidente la necesidad de comenzar una carrera en El Cairo. En 1923 se puso bajo el amparo del músico al-Shaykh Abu al-Ila Muhammed, quien comenzó a buscar conciertos en la capital. Al principio encontró muchas puertas cerradas porque su repertorio parecía pasado de moda y poco culto. Esta percepción se iría modificando a medida que ella tomaba clases de música con buenos maestros y descubría el trabajo de poetas como Ahmad Rami. En 1928 Oum Kulthum incorpora a su repertorio canciones de amor modernas que se ganaron el favor de los oyentes. Su familia, que hasta el momento tocaba con ella, decidió retirarse a un segundo plano e impulsarla a que actuara con músicos profesionales. Se puso a los medios en el bolsillo y tomó el control de su carrera hasta en los detalles más pequeños, como el equipo del que se rodeaba o los lugares en los que iba a cantar. Siguió innovando en su estilo, encargando a poetas y literatos canciones con sabor popular que la harían aún más querida y respetada. Su estampa de gafas oscuras (ya que tenía problemas crónicos de inflamación en los ojos, agravados por las luces del escenario) y un omnipresente pañuelo en la mano del que las malas lenguas llegaron a decir que estaba impregnado de alguna droga) aparecía continuamente en los periódicos, la radio y, más tarde, también en la televisión. En este último medio, Kulthum salía cada primer jueves de mes para presentar una canción nueva. También hizo cine, en parte para competir con rivales como el compositor Mohamed Abdel Wahab ya que eran de estilos muy diferentes, pero con el que terminaría colaborando. Enta Omry (El último amor) fue compuesta por él para ella en 1964. Kulthum no sólo fue una estrella de la canción; su peso en la vida cultural y hasta en la política de Egipto fue enorme y encarnó la esencia del patriotismo en la época de Nasser y la guerra con Israel en 1967. Cuando Egipto perdió la guerra contra Israel, Egipto comenzó a caer y perdió su ejercito. Oum Kulthum cantó en diferentes países y lo que ganó se lo dio a Egipto. Los presidentes de Tunez y Egipto se hicieron amigos por Oum Kulthum. Durante la guerra cuando ella cantaba en la radio nadie disparaba por escucharla.

Oum Kulthum hablaba árabe clásico. Sus canciones duraban de 30 min hasta 90 min. Y cambiaba las versiones porque no le gustaba grabar, por eso hay versiones diferentes de sus canciones y todas son en vivo. De la canción, la letra es muy importante porque canta sobre el amor pasado.

Se dice que su música empieza a utilizarse en la danza oriental con Soheir Zaki, una bailarina elegante y carismática de las décadas de 1960, 1970 y 1980, a lo que no casualmente, el presidente Anwar el Saddat calificó de “La Oum Kulthum de la danza”. Oum Kulthum, al verla, sólo la aprobó a ella para que bailara al son de su música, luego otras harían lo mismo. Hoy en día las secciones instrumentales de las canciones de Oum Kulthum continúan encabezando las listas de éxitos y clásicos para el baile y son favoritas para muchos interpretes. Por desgracia, el éxito que cosechó Oum Kulthum durante toda su carrera corrió paralelo a su mala salud, su marido fue uno de los médicos que la trataron. Desde muy joven tuvo problemas de vesícula, de la vista y de riñón. Esta última afección fue la que le costó la vida, una vida dedicada a la canción que ha dejado una huella imborrable.

Todas estas estrellas deben mucho de su éxito a todos los compositores que trabajaban para ellas, como por ejemplo Farid Al Atrache o Mohamed Abdel Wahab. Este último absorbió muchas influencias occidentales en su música y encarnó en el cine al equivalente egipcio de los personajes de las comedias de Katerine Hepburn y Cary Grant. Son sólo los dos de los miembros de este conglomerado de bailarinas, compositores, empresarios y directores de cine que contribuyeron a forjar un momento maravilloso en la historia del espectáculo.

Algunos de sus sucesores son Abdel Halim Hafez, un poco posterior a los demás y Warda durante las décadas de 1980 y 1990 y a la actualidad, de la que se dice que es la más fiel heredera del espíritu de Umm Kulthum.

Entre las bailarinas, se da una legión de interpretes cuya fama no fue tan deslumbrante pero que contribuyeron su esfuerzo a aportar esplendor a la era. Pero también, repasando los nombres de las mujeres cuyo linaje como artistas está emparentado con la edad dorada, encontraríamos a lo largo de los últimos cuarenta años una auténtica enciclopedia de los grandes de la danza, con personalidades como Najwa Fouad, Soheir Saki, Fifi Abdou, Lucy, y las actuales estrellas Dina, Randa y Camelia. También merece destacar a otras de las décadas de 1970 y 1980, como Mona el Said, Zizi Mustafa y Nadia Hamdi, entre muchas otras.

Esta claro que no todo ha sido un camino de rosas para la danza oriental en Egipto hasta ahora. Desde los años de las grandes estrellas, las presiones religiosas se han hecho notar a fin de prohibir o moderar lo que se percibe en ciertos estamentos como una amenaza a las buenas costumbres. En la década de 1950 en Egipto por ejemplo, se imponen prohibiciones a mostrar el ombligo y hacer movimientos en el suelo, pero en compensación las autoridades trabajarán más adelante para hacer el folclore más accesible. En 1959 nace la compañía de Mahmoud Reda, La Reda Troupe, que el propio gobierno egipcio calificó de “capaz de representar el folclore egipcio tanto en la música como en la danza”. La carrera de Mahmoud Reda, nacido en 1930, es una de las más sólidas y profesionales de la historia de la danza oriental. Su compañía ha hecho giras por más de 50 países y ha presentado centenares de espectáculos. Al principio la constituían sólo 15 personas incluyendo el hermano de Mahmoud, Ali Reda, como compositor y la esposa de éste, Farida Fahmy, otra interprete que alcanzara fama internacional, aunque en su cenit tenía más de 100 personas en plantilla, entre bailarines, músicos y técnicos. Reda no sólo se dedicaba a poner la danza en los escenarios del teatro, sino que ejercía una labor de investigación sobre las formas tradicionales de la danza egipcia. Sus esfuerzos nos han dejado un legado de valor incalculable, y sus interpretaciones han vuelto a ser las referencias para todas las compañías de danza folklórica egipcia que se han formado desde entonces. Su primera visita a Estados Unidos era para actuar con su compañía, pero volvería para dar una gira de siete seminarios en distintas ciudades grandes, invitado por la bailarina Dalilah en el año 1976. Esta mujer fue precisamente la primera española en labrarse una reputación internacional por bailar danza oriental. Comenzó su carrera como bailarina de flamenco en Madrid, pero 1957, durante una gira por Oriente Medio, conoce la danza oriental y se enamora de ella. Su ascensión fue tan fulgurante, que tan sólo dos años después, bailó con Nagwa Fouad en la inauguración del Nile Hilton Hotel en 1964. En 1974, después de triunfar en Oriente Medio y Europa, se fue a vivir a Las Vegas y montó actividades para difundir este arte. Volvería a España al final de su vida, donde murió en el año 2001. Apenas unos pocos meses antes había vuelto a los escenarios de España.

Pero para entonces, el Casino Opera ya era sólo un recuerdo. Había cerrado en 1954, cuando Badia Masabni huyó a Líbano para escapar de sus problemas con el Ministerio de Hacienda egipcio. En su solar se edificó el Hotel Sheraton, pero hoy en día muchos habitantes de El Cairo todavía se refieren al puente más cercano como al “Puente de Badia”, en conmemoración de un lugar y un momento que fueron de verdadero ensueño.

A la fecha Fifi Abdou, la única de las grandes divas que sigue en los escenarios.

Lucy estrella de la década de 1990, tiene actualmente más fama como actriz que como bailarina.

Lucy

Soheir Zaki, artista consagrada durante las décadas de 1970 y 1980.

A partir de 1960, la danza oriental emprende su gran expansión en Estados Unidos y Europa. Como en el pasado, la danza oriental fue mayoritariamente vista por el público no especializado como un entretenimiento erótico durante la guerra fría. Un famoso disco de la década de 1960, que se vendía acompañado de un folleto explicativo de la danza, se llamaba How to bellydance for your husband, (Cómo bailar la danza del vientre para su esposo). La danza oriental estaba generalmente constreñida a salas de fiestas de ambientación árabe o griega. En este tipo de clubs, por lo general, se cenaba y se podía ver un espectáculo con música en vivo. Al principio, las bailarinas eran chicas de origen árabe, turco o griego que habían aprendido la danza de sus familiares, en fiestas y reuniones informales. Como cuenta la profesora e historiadora Carolina Varga Dinicu, “Morocco”, desde su escuela en Manhattan, las artistas que no tenían la ventaja de un origen étnico de Oriente Medio a veces aprendían nuevos pasos por el expeditivo método de pedirle información a las clientas de origen árabe que salían a bailar al escenario. Aunque algunos músicos prolíficos, Como George Abdo, y Eddie “The Sheik” Kochak la popularizaron y la sacaron de un contexto tan restringido, hasta la década de 1970 no comenzaría a crearse una red de bailarinas y empresarios que apostaran en serio por la danza oriental como espectáculo digno y comercial. Entonces una figura clave era el Dr. Paul Monty, un hombre que demostró suficiente visión para arriesgar su dinero y su prestigio en la organización de seminarios con profesores invitados de gran renombre en un momento en que nadie lo hacía.

Estos talleres no sólo ayudaron a sistematizar un poco la enseñanza, sino que también la empezaron a legitimar ante la comunidad internacional de la danza. Por el contrario, como las bailarinas nativas habían aprendido por tradición, en el mundo árabe se enseñaba con el sistema de “Sígueme si puedes mientras bailo”.

A partir de ese momento se da un despegue en cuanto al numero de interpretes y salas de fiestas, y el público que acude a ellas es más joven y no necesariamente de origen árabe. The Casbah, The Bagdad o The Greek Tavern, clubs famosos en aquel momento, sirven de campo de pruebas para una nueva generación de intérpretes y músicos, con raíces orientales o no, que están dispuestos a experimentar, algunos subían por primera vez a un escenario muy poco después de haber descubierto la danza oriental y tienen muchas ganas de aprender. Entre estas personas saldrían los primeros profesores “formales” de danza oriental en Estados Unidos, como Bert Balladine, Delilah y Jamila Salimpour, copropietaria de The Bagdad. Mientras, otros coreógrafos, como Ibrahim Farrah (1939-1998), apostaron por una vía más tradicional que la de las salas de fiestas. Él empezó la primera revista seria de danza oriental desde Nueva York, Arabesque, y formó una compañía de danza que se dedicaba a divulgar el folclore de Oriente Medio en los teatros.

Jamila Salimpour                                      Ibrahim Farrah                                      Revista "Arabesque"

Los cambios sociales del momento dejaron sentir su presencia incluso en el nombre de la danza. La idea de descubrirse a una misma a través del movimiento se volvió de repente aceptable e incluso deseable, particularmente desde finales de la década de 1960. Muchas personas miraron a las religiones orientales y redescubrieron la figura de una diosa madre. El nombre de “la danza del vientre” cobraba así otros matices mucho menos machistas y culturalmente sesgados cuando, por obra de otras técnicas (como el yoga o el tai chi), el vientre retoma prestigio como centro de la persona y continente de la espiritualidad.

Llegamos a la actualidad. Desde 1970, la danza oriental se va expandiendo cada vez más deprisa en todo el mundo. Además de profesoras y escuelas, lentamente la información acerca de esta hermosa forma de danza se volverá más accesible, mediante revistas, seminarios, festivales de música étnica tanto en Oriente como en Occidente , por ejemplo, el de Baalbeck en Líbano y el de Marrakesh, en Marruecos, y toda una trama de información que basada a menudo en el “boca a boca”, va promoviendo este arte. Empezará a emerger una especie de jerarquía de bailarinas y profesoras que hasta el momento no hubiera sido posible, dado a que antes no había las suficientes discípulas.

 

Como comenta Dietlinde Bedauia Karkutli, gran impulsora de la danza oriental en Alemania durante las décadas de 1970 y 1980, en su libro Das Bauchtanzbuch en Europa las esposas de los soldados americanos estacionados en lugares como Alemania trajeron lo que habían aprendido con ellas. Allí, en paralelo, la gran inmigración turca, iba mostrando también su propio estilo. Ambas influencias se fusionaron hasta convertir Alemania en la gran potencia Europea de la danza oriental. En Líbano y Turquía la danza oriental también experimenta un resurgimiento y toma caminos propios, con estrellas autóctonas que despiertan un gran seguimiento.

Con el video doméstico el baile entrará hasta el comedor de casa. La década de 1980 es una época de gran expansión, que al llegar la de 1990 será ya definitiva gracias a internet. Gracias a la red, muchas bailarinas que jamás hubieran soñado con encontrarse e intercambiar sus experiencias han tejido una verdadera hermandad global. La coreógrafa y maestra egipcia Raquia Hassan ha apostado por el futuro. El festival internacional de danza oriental, “Ahlan Wa Sahlan” que patrocina cada verano en El Cairo desde 1999 se ha convertido en una cita indispensable para muchas profesionales del extranjero, afirmando que El Cairo seguirá siendo la sede de esta danza al nivel mundial.

Información sacada del libro "La Danza del Vientre" de Devorah Korek KOREK, Devorah. La danza del vientre. Ed. Oceano. 2007. p.p